El fin de semana del uno de junio de dos mil trece Iria acude a la graduación de una de sus amigas, el curso de segundo de bachillerato se había acabado para una de las componentes del grupo.
Cada día que pasaba Iria tenía más miedo al paso del tiempo, a los segundos que se iban agotando. La vida pasaba y no siempre tendría a sus padres a su lado ni a sus amigos de toda la vida. Esa etapa y esa gente que tanto creía necesitar pasarían a ser personajes secundarios de la historia. De su historia. Era solo que Iria no podía aceptarlo, ¿de verdad figuras tan importantes en tu vida pueden desaparecer en cuestión de saltos temporales? Tan inimaginable, pero a la vez tan cerca.
Sin embargo, ese día, ese uno de junio de dos mil trece la muchacha sintió en su interior un sentimiento que la abrasaba, deseaba ser cada una de las personas que se graduaban. Deseaba estar en el lugar de cada una de esas vidas que pasaba un etapa para entrar en otra. A la vez sintió desesperación, porque necesitaba pasar esa etapa ya. Irse. Todas esas emociones experimentadas en aquel momento hicieron aumentar la rabia que Iria contenía en su interior, ¿de verdad cuatro piedras en el camino habían conseguido hacer de su interior un volcán de rabia, frustración, miedo y odio?. ¿Podía una joven de tan buen corazón albergar tanto odio, acumulando todo el dolor de los recuerdos? La respuesta era sencilla, sí. De hecho, fue lo que ocurrió.
Llegó un momento en la vida de Iria en la que no se reconocía, ni si quiera confiaba en ella misma ni en lo que podía conseguir. Era todo un amasijo de dudas, de preguntas sin respuesta y de...¿ataques contra ella? Pero, ¿por qué querrían intentar hundirla? No se trataba de eso la vida, sino de cada uno tirar con lo suyo sin intentar pisar a los demás. El remolino de su interior cada vez adquiría una intensidad mayor, así que decidió ponerle fin con la única solución. Escribir.
Y aquí estoy, contando mi historia de dudas, secretos, dolor, frustración, rabia y odio - y podría seguir con esta serie de sentimientos y reflexiones, pero no - sin embargo, estoy segura o al menos intento autoconvencerme, de que la felicidad, la alegría - los buenos momentos en general - superan todo lo malo. E incluso diría, que ha merecido la pena.
No voy a aguantar más, no pienso permitirlo. ¿De qué sirve el miedo, la frustración, la rabia...? Te oscurecen el alma, tu camino se nubla ya que apenas ves nada y te pierdes en el recorrido. Yo no soy así, yo estoy llena de vida. Sinceramente pienso, que la vida es un regalo, y no pienso desaprovecharlo oscureciendo la atmósfera. Yo estoy limpia de toda esa mierda, siempre lo he estado y nadie va a llevarme al pensamiento contrario. Cada vez que siento que la oscuridad me llena o me alcanza, corro. Y he corrido tanto y tan fuerte que estoy segura de que ya no será capaz de pillarme. Y es que, solo os diré, que quiero hacer saber a todos una única cosa. Quiero hacerles saber a todos los que lo intentaron QUE NUNCA ME HUNDIERON.
No hay comentarios:
Publicar un comentario